BONDAD DE LA CASTIDAD Y MALDAD DE LOS ANTICONCEPTIVOS
Dios
ha creado al hombre y a la mujer para complementarse.
La
sexualidad es algo bueno, sagrado, creado para el matrimonio porque allí se
garantiza la seguridad y amor para educar a los hijos. Fuera del matrimonio es
un desorden. La unión sexual tiene dos propiedades inseparables: el placer
unitivo y la responsabilidad de procrear a los hijos. El anticonceptivo rompe
esto; trata de corregir a Dios, haciéndose dueño del bien o del mal. Si los
esposos por motivos justificados no deben tener hijos puede vivir los métodos
naturales que se reducen a la abstinencia en los períodos fecundos de la mujer.
Esto es amor, aunque implique un sacrificio.
No
todo lo que se puede hacer se debe hacer.
Se
puede insultar, matar, robar, clonar, fornicar, maltratar, pero no se hace
porque está mal. Hay 10 normas que nos ha dado un Padre bueno para que seamos
felices en la tierra, pero cuando lo rompemos nos va mal.
Los
interesados en negociar cuentan mentiras con errores ideológicos
Las
ideologías son un grupo de ideas al servicio de intereses: es una combinación
de medias verdades que equivalen a mentiras para obtener el poder. Por ejemplo,
se dijo que cuánto más crezca la población habrá menos alimentos; sin embargo,
ahora, tenemos alimentos en abundancia, hasta -en algunos países- arrojan al
mar la leche que no quiere vender. También se dice que cuantos más hijos haya
la familia se empobrece. Es falso porque cuando haya más hijos educados habrá
más riqueza. También se dice que los anticonceptivos disminuyen los embarazos
adolescentes, pero la realidad es que los ha incrementado, porque se quiere
evitar el sacrificio de vivir la castidad, dando paso a una conducta
desordenada. Esta conducta desordenada ha roto vidas y matrimonios, porque favorece
la infidelidad. Los que fomentan estas ideas son personas con buena formación
de la cabeza, pero con falta de formación en el corazón.
Daño
que ha hecho
¿Se
ha terminado con la pobreza? No, al contrario, ahora hay menos ricos y más
pobres. Ha aumentado la infidelidad matrimonial, el feminismo malo, el
homosexualismo, el sida[1]. Ha facilitado la
fecundación in vitro, la experimentación con embriones. Además, los
anticonceptivos tienen muchos efectos secundarios, que hacen daño a los pacientes[2]. Algunas personas de buena
voluntad se han convertido en católicos porque la Iglesia es la única religión
que defiende la verdad del ser humano[3]. También hay que decir que
los fabricantes de la píldora hicieron mucho daño a las mujeres que usaron como
conejillos[4].
Es
un engaño para ganar dinero. Un “negocio” de avaricia y flojera.
Lucran
dañando a las personas, no les importa el bienestar personal sino tener más
dinero[5]. Y, para justificar crean
una ideología: “serás muy feliz cuando los usas”, pero al cabo del tiempo se
ven los daños causados.
Qué
dice nuestra Madre la Iglesia Católica (Catecismo 2366-72)
2366. La
fecundidad es un don, un fin del matrimonio, pues el amor conyugal tiende
naturalmente a ser fecundo. El niño no viene de fuera a añadirse al amor mutuo
de los esposos; brota del corazón mismo de ese don recíproco, del que es fruto
y cumplimiento. Por eso la Iglesia, que ‘está en favor de la vida’ (FC 30),
enseña que todo ‘acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la
vida’ (HV 11). ‘Esta doctrina, muchas veces expuesta por el Magisterio, está
fundada sobre la inseparable conexión que Dios ha querido y que el hombre no
puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto
conyugal: el significado unitivo y el significado procreador’ (HV 12; cf Pío
XI, enc. “Casti connubii”).
2367. Llamados
a dar la vida, los esposos participan del poder creador y de la paternidad de
Dios (cf Ef. 3, 14; Mt 23, 9). ‘En el deber de transmitir la vida humana y
educarla, que han de considerar como su misión propia, los cónyuges saben que son
cooperadores del amor de Dios Creador y en cierta manera sus intérpretes. Por
ello, cumplirán su tarea con responsabilidad humana y cristiana’ (GS 50, 2).
2368. Un
aspecto particular de esta responsabilidad se refiere a la ‘regulación de la
natalidad’. Por razones justificadas, los esposos pueden querer espaciar los
nacimientos de sus hijos. En este caso, deben cerciorarse de que su deseo no
nace del egoísmo, sino que es conforme a la justa generosidad de una paternidad
responsable. Por otra parte, ordenarán su comportamiento según los criterios
objetivos de la moralidad: El carácter moral de la conducta, cuando se trata de
conciliar el amor conyugal con la transmisión responsable de la vida, no
depende sólo de la sincera intención y la apreciación de los motivos, sino que
debe determinarse a partir de criterios objetivos, tomados de la naturaleza de
la persona y de sus actos; criterios que conserven íntegro el sentido de la
donación mutua y de la procreación humana en el contexto del amor verdadero;
esto es imposible si no se cultiva con sinceridad la virtud de la castidad
conyugal (GS 51, 3).
2369. ‘Salvaguardando
ambos aspectos esenciales, unitivo y procreador, el acto conyugal conserva
íntegro el sentido de amor mutuo y verdadero y su ordenación a la altísima
vocación del hombre a la paternidad’ (HV 12).
2370. La
continencia periódica, los métodos de regulación de nacimientos fundados en la
autoobservación y el recurso a los períodos infecundos (HV 16) son conformes a
los criterios objetivos de la moralidad. Estos métodos respetan el cuerpo de
los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una
libertad auténtica. Por el contrario, es intrínsecamente mala ‘toda acción que,
o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de
sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible
la procreación’ (HV 14): ‘Al lenguaje natural que expresa la recíproca donación
total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente
contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no sólo
el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de
la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud
personal’. Esta diferencia antropológica y moral entre la anticoncepción y el
recurso a los ritmos periódicos ‘implica... dos concepciones de la persona y de
la sexualidad humana irreconciliables entre sí’ (FC 32).
2371. Por
otra parte, ‘sea claro a todos que la vida de los hombres y la tarea de
transmitirla no se limita sólo a este mundo y no se puede medir ni entender
sólo por él, sino que mira siempre al destino eterno de los hombres’ (GS 51,
4).
2372. El
Estado es responsable del bienestar de los ciudadanos. Por eso es legítimo que
intervenga para orientar la demografía de la población. Puede hacerlo mediante
una información objetiva y respetuosa, pero no mediante una decisión
autoritaria y coaccionante. No puede legítimamente suplantar la iniciativa de
los esposos, primeros responsables de la procreación y educación de sus hijos
(cf HV 23; PP 37). El Estado no está autorizado a favorecer medios de
regulación demográfica contrarios a la moral.
[2]
Véase por ejemplo: https://culturacolectiva.com/estilo-de-vida/efectos-secundarios-de-los-metodos-anticonceptivos.
[3]
Cf. Hahn, K. (2001). El amor que da vida, p.18. Epub, USA
[4]
Ver: https://sostenibilidad.semana.com/impacto/articulo/historia-de-la-pildora-anticonceptiva/39311
[5]
Allen, V (2016). La industria de los anticonceptivos y un negocio oculto.
Crimen y razón. Recuperado de: https://crimenyrazon.com/la-industria-de-los-anticonceptivos-y-un-negocio-oculto/#.XyLtDygzYrA

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