LA REALIDAD PRESENTE


(el  virus de la ignorancia religiosa)








Es conveniente evitar la sensación de desaliento ante la magnitud y complejidad de los problemas que nos envuelven. Detrás de ellos se descubre un gran cambio cultural, que conlleva una quiebra grave en los valores éticos y religiosos. Y una de sus peores consecuencias es la deformación del concepto de lo que es el hombre y la vida social, generando una cultura de muerte.

Los principales problemas que nos hacen tomar conciencia de puntos débiles ‑en medio de una fe que no está correctamente integrada en la cultura peruana‑ son: la creciente secularización, el consumismo, la invasión de las sectas (que suelen centrar su acción en una crítica a la religiosidad oficial, a la tradicionalista, o a la popular, que confunden las fallas personales con la santidad de la Iglesia, y que caen en errores históricos o en la difamación), y la difusión de ideologías que intentan presentar explicaciones últimas y erróneas, del mundo y del hombre.

Felizmente, frente a ello, la religiosidad popular es un valor privilegiado para el diálogo entre el Evangelio y las culturas. Si es cierto que una deficiente acción (pastoral) puede producir, a la corta o a larga, dramáticas desviaciones históricas en la religiosidad popular; no es menos verdad que, por el contrario, cuando aquélla es viva y está debidamente purificada, opone una sólida resistencia al secularismo, al proselitismo de los movimientos religiosos foráneos [1].

Por otra parte, se puede afirmar que para hacer profundamente cristiana a una cultura hay que formar, en ella, una adecuada religiosidad popular [2].  En nuestras manifestaciones públicas de fe (procesiones, peregrinaciones y demás) se requiere una correcta y lúcida acción purificadora, que exige el apoyo de una unidad de vida que lleve a practicar lealmente la fe, y a evitar el peligro de contentarse con una práctica religiosa rutinaria ‑como ocurre en amplios sectores‑.

En los ambientes más cultivados, mientras no pocos se alejan, otros muchos van profundizando en sus creencias y en sus compromisos. El Reino de Dios se vive con el anuncio y transmisión fidelísima de la Palabra, y en el testimonio de los creyentes; en la convocatoria para la adoración y la súplica, y para la caridad fraternalmente vivida; en la fe practicada ‑en grupo o personalmente‑ en el trabajo, en el hogar, en la política; en la denuncia correcta ‑sin resentimientos ni demagogia‑ de las situaciones que implican injusticia; en un amor preferencial por los que sufren, que exige cercanía y cariño.


                                               USO DE MEDIOS ADECUADOS

Han aumentado las oportunidades de formación catequética, pero falta mayor desarrollo y planificación, dentro de un plan orgánico. La familia cristiana sufre gravísimas deficiencias, y está seriamente atacada. Existe un buen número de centros educativos católicos, pero desgraciadamente no llegan a ser, muchas veces, una verdadera escuela que forme hombres católicos. Y se ve la necesidad de promover entre los profesores una formación permanente en los principios de la fe y en la pedagogía cristiana. No se ha logrado la integración de la formación en el hogar como complemento básico de la educación escolar.
      
Es urgente que se formen verdaderos maestros, calificados y fuertes en la fe. Y que se pongan medios para la preparación de mejores profesores de Religión. La influencia pastoral en la Universidad del Estado y en las U. Católicas es todavía pequeña, aunque ambas abren las puertas para esa labor. Hace falta, en síntesis, la búsqueda de una adecuada formación religiosa en todos los niveles de Educación.

Se aprecia una poquísima preparación de los fieles en el uso adecuado de los mcs  ‑uso que reclama un trabajo pastoral que de criterio eficaz para su correcta utilización, y para la influencia que los cristianos han de ejercitar sobre ellos-  [3]. Se cuenta con escasos estudios sobre nuestra realidad socio-religiosa que permitan responder a los retos desde la fe.


                                                   OBJETIVOS GENERALES

Es necesario estar atento a las exigencias que plantean las circunstancias históricas. Ante las necesidades de nuestro pueblo, provocadas por la ignorancia religiosa, las celebraciones de la fe desorientadas o inoperantes, la falta de unidad de vida, le secularismo y la agresión de las sectas. Se ha de responder con una Nueva Evangelización, que forme hombres y comunidades maduras en la fe, y que dé respuesta a la nueva situación provocada por los cambios sociales y culturales de la modernidad.

Ello supone utilizar medios oportunos que hagan llegar el Evangelio al centro de la persona y de la sociedad, a las raíces mismas de la cultura.

Se necesita facilitar el logro de los siguientes fines: 1) Promover una profunda educación en la fe: alentando la "vivencia de Iglesia", poniendo énfasis en la preparación de los que colaboran en la pastoral, y de los laicos, promocionando integralmente al hombre, actuando de modo especial a través de la formación de la juventud y de la cristianización de la cultura; 2) Formar y desarrollar al hombre y a la comunidad para que sea fermento de una sociedad solidaria, libre, justa y reconciliada; 3)        Apoyarse seriamente en la luz de nuestra fe, en la fuerza de los Sacramentos, en la oración personal y comunitaria, y en la celebración al Creador en Cristo Jesús [4].


                                                             PRIORIDADES

En un intento necesario de jerarquizar los fines, anotamos las siguientes prioridades:
1.      Intensificar la educación en la fe, de manera que ella sea integral y viviente.
2.     Esforzarse por vivir más la Iglesia, facilitando la participación litúrgica correcta y plena, que respete con sabiduría las orientaciones de Roma, que sea auténtica expresión y participación de la fe y que adopte una actitud de compartir, de entrega y servicio.
3.      Seleccionar y formar a los colaboradores pastorales; y acompañarlos y estimularlos en su formación permanente (Escuela de Catequesis, Programa de formación de colaboradores en la Pastoral, influencia del Seminario, Retiros, Ejercicios, Conferencias mensual de repaso doctrinal y pastoral). 
4.     Impulsar la toma de conciencia de los laicos sobre su papel activo y corresponsable en la Iglesia, de modo que hagan presente el Evangelio en las realidades temporales donde por vocación están insertos, y se respete la estructura jerárquica de la Iglesia.
5.      Dar un cuidado especial a la pastoral de la juventud.
6.      Decir sí a la vida y a la familia, con una decidida acción por la defensa y promoción de aquélla.
7.    Asumir el amor preferencial por los pobres ‑no exclusivo ni excluyente‑ que ilumine toda la acción evangelizadora.
8.      Inducir a la promoción de un orden económico, social y político, que sea conforme con la dignidad de las personas, que impulse la justicia y la solidaridad, y que abra horizontes de eternidad.
9.      Estar convencidos de que los seguidores de otras religiones tienen el derecho de recibir la plenitud de la verdad cristiana por parte de quienes poseen el mandato de anunciarla.
10.  En un mundo marcado por el pluralismo, es importante mantener el diálogo y la colaboración con todos, para favorecer las grandes causas en favor de la humanidad; infundir en los fieles el espíritu de diálogo y de correcta solidaridad. Pero en este campo no conviene nunca actuar aisladamente.
11.  En lo concerniente a las sectas agresivas es necesario catequizar a los fieles: sobre las verdaderas características de la Iglesia y de los hechos históricos que aquéllas más critican, sobre los puntos débiles y los errores principales de las sectas, sobre el deber de defenderse sin violencia, sobre el deber de evangelizar.



    [1]    cfr. JP II, Encuentro con los campesinos, Cuzco, n. 5.; cfr. n. 469
    [2]    Cfr. GPSDCEP p. 37
    [3]    cfr. GPSDCEP, p. 23
    [4]    cfr. PPCEP, p. 17, y SSPA, 1975
    [5]    cfr. StD, n. 297
    [6]    cfr. StD, n. 296
    [7]    cfr. GPSDCEP, p. 51
    [8]    cfr. GPSDCEP, p. 51
    [9]    cfr. GPSDCEP, p. 50

Por +Luis Sánchez-Moreno, 1997

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