Resumen
Encíclica
Laudato Si
CAPÍTULO
I
«LO QUE LE ESTÁ PASANDO A NUESTRA CASA»
La “rapidación” en primer
lugar, además que los objetivos de los cambios rápidos no están orientados al
bien común. El mundo está entrando en una etapa de concientización al respecto
de estos temas. Se acometen así «varios aspectos de la actual crisis
ecológica».
1. Contaminación y cambio climático
Contaminación, basura y
cultura del descarte
La contaminación a la que
está expuesto el mundo actual es muy preocupante, pues hay ciudades donde los
niveles de contaminación llegan a niveles alarmantes. También la contaminación
producida por los residuos, ya sea de tipo industrial, minero, de la basura,
etc. A esto se suma la cultura de descarte en la que estamos viviendo, una
cultura en la que las cosas son descartables, y no sólo las cosas sino también
las personas son descartadas. Por eso hay que concientizarnos sobre el tema de
la contaminación.
El clima como bien común
Nos encontramos ante un
preocupante calentamiento del sistema climático, acompañado del constante
crecimiento del nivel del mar. La humanidad está llamada a tomar conciencia de
la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo,
para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo
producen o acentúan como la gran concentración de gases de efecto invernadero
(dióxido de carbono, metano, óxidos de nitrógeno y otros) emitidos sobre todo a
causa de la actividad humana.
El crecimiento del nivel
del mar, por ejemplo, puede crear situaciones de extrema gravedad si se tiene
en cuenta que la cuarta parte de la población mundial vive junto al mar o muy
cerca de él, y la mayor parte de las megaciudades están situadas en zonas
costeras. Tenemos que buscar generalizar las buenas prácticas que se tienen
sobre la mejor administración de la energía.
2. La cuestión del agua
El agua potable y limpia
representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la
vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos. Ahora en
muchos lugares la demanda supera a la oferta sostenible, con graves
consecuencias a corto y largo término. El problema del agua es en parte una
cuestión educativa y cultural, porque no hay conciencia de la gravedad de estas
conductas en un contexto de gran inequidad. Algunos estudios han alertado sobre
la posibilidad de sufrir una escasez aguda de agua dentro de pocas décadas si
no se actúa con urgencia.
3. Pérdida de la biodiversidad
La pérdida de selvas y
bosques implica al mismo tiempo la pérdida de especies que podrían significar
en el futuro recursos sumamente importantes, no sólo para la alimentación, sino
también para la curación de enfermedades y para múltiples servicios. Además, se
están extinguiendo muchísimas especies año a año y no nos damos cuenta. Tenemos
que tomar conciencia de esto para que después no nos lamentemos de no haberlo
hecho a tiempo.
Tiene que haber una mayor
intervención humana pues, aunque la hay tiene que ser mayor a la que se ve
actualmente. Hay que defender los pocos “pulmones” que nos quedan, que son
megadiversos y que no se debe tratar de “urbanizar” dichos lugares, pues
muestran una verdadera sostenibilidad sin la intervención humana. Tampoco hay
que olvidarnos de los océanos pues en ellos está una gran diversidad también y
no lo cuidamos.
4. Deterioro de la calidad de la vida humana y
degradación social
No podemos dejar de
considerar los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de desarrollo
y de la cultura del descarte en la vida de las personas. Hay un crecimiento
desmedido de algunas ciudades que suponen un daño para todas las personas que
lo habitan, ya sea por su contaminación visual, acústica y mental. Además, hay
lugares donde se ha creado un acceso restringido para unas pocas personas, que
viven en un ecosistema artificial. Por eso no se puede dejar de lado esta parte
esencial del mundo que es el ser humano y que no puede dejar que pasen nada
más.
5. Desigualdad planetaria
Debido a los debilitamientos tanto en el ambiente
humano como natural, se degradan la atención a las agresiones medioambientales,
y esto tiene como consecuencia recaer sobre las personas más pobres. La falta
de conciencia afecta particularmente a los excluidos. Estos son la mayoría del
planeta, miles y millones de personas.
El calentamiento causado por el enorme consumo de
algunos países ricos tiene repercusiones en los lugares más pobres de la
tierra, especialmente en África, donde el aumento de la temperatura, junto con
la sequía, tiene efectos desastrosos en el rendimiento de las
cultivaciones. La
deuda externa de los países pobres se ha transformado en un instrumento de
control, pero no se da lo mismo con la deuda ecológica.
Por lo cual, es necesario que los países
desarrollados contribuyan significativamente en el uso del consumo de energía
no renovable y proporcionen recursos a los países más necesitados para promover
políticas y programas de desarrollo sostenible.
En fin, el cambio climático tiene diversas
responsabilidades y debemos revitalizar la conciencia de que somos una
sola familia humana. No hay fronteras ni barreras políticas o sociales que
permitan aislarnos y, por eso mismo, tampoco hay espacio para la globalización
de la indiferencia.
6. La debilidad de las reacciones
Los males que sufre nuestra madre tierra, se nos
reclaman en los últimos dos siglos. De este modo, los que estamos llamados a
convertirnos en los instrumentos de Dios Padre para que nuestro planeta sea lo
que Él soñó al crearlo, debemos trabajar en un sistema normativo que incluya
límites respetables y asegure la protección de los ecosistemas.
Preocupa la
debilidad de la reacción política internacional. La sumisión de la
política a la tecnología ya las finanzas se demuestran en la quiebra de las
cumbres mundiales sobre el medio ambiente. La alianza entre economía y
tecnología acaba por dejar fuera todo lo que no forma parte de sus intereses
inmediatos.
Poco a poco algunos países pueden mostrar progresos
significativos, el desarrollo de controles más eficientes y una lucha más
sincera contra la corrupción. Sin embargo, en los poderes económicos se ignora
todo el contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente.
Por eso, hoy, «cualquier realidad que sea frágil, como el medio ambiente, queda
indefensa frente a los intereses del mercado divinizado, transformados en regla
absoluta».
En algunos países, hay ejemplos positivos de
resultados en la mejora del medio ambiente, como el saneamiento de algunos ríos
que se han contaminado durante muchas décadas, la recuperación de bosques
nativos, el embellecimiento de paisajes con obras de saneamiento ambiental,
proyectos de edificios de gran valor estético, progresos en la producción de
energía limpia, en la mejora del transporte público.
Pero, al mismo tiempo crece una ecología superficial o aparente que
consolida un cierto torpor y una alegre irresponsabilidad. Se tiene la
visión de que las cosas no son tan graves y que el planeta podría subsistir
durante mucho tiempo en las condiciones actuales.
7. Diversidad de opiniones
Finalmente reconocemos, que se desarrollaron
diferentes perspectivas y líneas de pensamiento. En uno de los extremos,
algunos defienden a toda costa el mito del progreso, afirmando que los problemas ecológicos se
resolverán simplemente con nuevas aplicaciones técnicas, sin consideraciones
éticas ni cambios de fondo. En el extremo opuesto, otros piensan
que el ser humano, con cualquiera de sus intervenciones, sólo puede amenazar y
comprometer el ecosistema mundial, por lo que conviene reducir su presencia en
el planeta e impedirle todo tipo de intervención.
Entre estos extremos, la reflexión debería
identificar posibles escenarios futuros, porque no existe sólo un camino de
solución. Esto dejaría espacio para una variedad de contribuciones que
podrían entrar en diálogo a fin de llegar a respuestas amplias.
Sobre muchas cuestiones concretas, la Iglesia no
tiene motivo para proponer una palabra definitiva y entiende que debe escuchar
y promover el debate honesto entre los científicos, respetando la diversidad de
opiniones.
CAPÍTULO II
EL EVANGELIO DE LA CREACIÓN
1. La luz que la fe ofrece
Se nos dice que: «los cristianos,
en particular, advierten que su tarea en el seno de la creación y sus deberes
en relación con la
naturaleza y el Creador parte de su fe». Por lo que es bueno para
la humanidad y el mundo, que nosotros los creyentes conozcamos mejor los
compromisos ecológicos que surgen de nuestras creencias.
2. La sabiduría de las narraciones bíblicas
Las narraciones de la creación en el libro del
Génesis contienen, en su lenguaje simbólico y narrativo, enseñanzas profundas
sobre la existencia humana y su realidad histórica. Estas narraciones
sugieren que la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales
íntimamente ligadas: las relaciones con Dios, con el prójimo y con la
tierra.
Según la Biblia, estas tres relaciones vitales se
rompieron no sólo exteriormente, sino también dentro de nosotros. Esta
ruptura es el pecado.
Por ejemplo, en la narración de Caín y Abel, vemos que la
envidia llevó a Caín a cometer la injusticia extrema contra su
hermano. Esto, a su vez, provocó una ruptura de la relación entre Caín y
Dios y entre Caín y la tierra, de la cual fue exiliado. El descuido en el
compromiso de cultivar y mantener una correcta relación con el prójimo,
destruye la relación interior conmigo mismo, con los demás, con Dios y con la
tierra.
Cuando todas estas relaciones se descuidan, cuando
la justicia deja de habitar en la tierra, la Biblia nos dice que toda la vida
está en peligro. Así lo enseña la narración de Noé, cuando Dios amenaza con acabar con la
humanidad por su persistente incapacidad de vivir a la altura de las exigencias
de la justicia y de la paz.
Otro ejemplo es, la experiencia del cautiverio en Babilonia
que generando una crisis espiritual llevó a una profundización de la fe en
Dios, explicitando su omnipotencia creadora, para animar al pueblo a recuperar
la esperanza en medio de su situación infeliz.
En resumen, no podemos defender una espiritualidad
que olvida a Dios todopoderoso y creador. En este caso, acabaríamos por
adorar otros poderes del mundo, o nos sitúa en el lugar del Señor llegando a la
pretensión de pisotear sin límites la realidad creada por Él. La mejor manera
de colocar al ser humano
en su lugar y acabar con su cuerpo la pretensión de ser dominador absoluto de
la tierra, es volver a proponer la figura de un Padre creador y único
dueño del mundo; de lo contrario, el ser humano tenderá siempre a querer
imponer a la realidad sus propias leyes e intereses.
3. El misterio del universo
En la tradición judeocristiana, decir «creación» es
más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de
Dios, donde cada criatura tiene un valor y un significado.
La creación sólo se puede concebir como un don que viene de las manos abiertas
del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos
llama a una comunión universal.
La creación pertenece al orden del amor. El
amor de Dios es la razón fundamental de toda la creación.
El ser humano, dotado de inteligencia y amor y
atraído por la plenitud de Cristo, es llamado a reconducir todas las criaturas
a su Creador.
4. El mensaje de cada criatura en la armonía de
toda la creación
Los obispos de Canadá exponen que ninguna criatura
está fuera de la manifestación de Dios: "A partir de las amplias
panorámicas a formas más débiles de la vida, la naturaleza es una fuente
inagotable de placer y asombro. Se trata de una continua revelación de lo
divino”. Los Obispos de Japón, a su vez, dijeron algo muy sugerente:
"Siente cada criatura cantar el himno de su existencia es vivir con
alegría en el amor y la esperanza de Dios."
Catecismo:
«La interdependencia de las criaturas es querida por Dios (…) sus incontables
diversidades y desigualdades significa que ninguna criatura se basta a sí
misma. Ellas sólo existen en la dependencia unas de otras, para
completarse mutuamente en el servicio unas de otras». Finalmente apunto, lo que los
obispos de Brasil subrayaron: “…que toda la naturaleza, además de manifestar a
Dios, es lugar de su presencia…”!
5. Una comunión universal
Las criaturas de este mundo no pueden ser
considerados como un bien sin dueño: "Todos son tuyas, Señor, amo la
vida" (Sb 11, 26). Esto genera la convicción de que nosotros y
todos los seres del universo, siendo creados por el mismo Padre, estamos unidos por lazos
invisibles y formamos una especie de familia universal, una comunión
sublime que nos impulsa a un respeto sagrado, amoroso y humilde.
San Francisco, en el cántico donde alaba a Dios por
las criaturas, añade lo siguiente: «Alabado seas, mi Señor, por aquellos que
perdonan por tu amor». Todo está interconectado. Por eso, se exige
una preocupación por el medio ambiente, unida al amor sincero por los seres
humanos ya un compromiso constante con los problemas de la sociedad.
Además, cuando el corazón está verdaderamente
abierto a una comunión universal, nada y nadie queda excluido de esta
fraternidad. Por lo tanto, es verdad también que la indiferencia o la
crueldad con las otras criaturas de este mundo siempre acaban de alguna forma
por repercutir en el tratamiento que reservamos a los demás seres
humanos.
6. El destino común de los bienes
Hoy, creyentes y no creyentes están de acuerdo en que la tierra es,
esencialmente, una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos. Para
los creyentes, esto se convierte en una cuestión de fidelidad al Creador,
porque Dios creó el mundo para todos. Por consiguiente, todo el enfoque
ecológico debe integrar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos
fundamentales de los más desfavorecidos.
Los ricos y los pobres tienen la misma dignidad,
porque "que los ha hecho tanto era el Señor" (Pr 22:
2); "Él creó el menor hasta el mayor" (Sab 6, 7) y "hace salir su sol sobre
los buenos y los malos" (Mt 5, 45). Esto tiene
consecuencias prácticas, como explicitaron los obispos de Paraguay: «Cada
campesino tiene derecho natural a poseer un lote razonable de tierra, donde
pueda establecer su hogar, trabajar para la subsistencia de su familia y gozar
de seguridad existencial. Este derecho debe garantizarse de forma que su
ejercicio no sea ilusorio pero real. Esto significa que, además del título
de propiedad, el campesino debe contar con medios de formación técnica,
préstamos, seguros y acceso al mercado».
El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio
de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Quien posee una parte es sólo para administrarla
en beneficio de todos. Si no lo hacemos, cargamos en la conciencia
el peso de negar la existencia a los demás.
7. La mirada de Jesús
Jesús carga con la fe bíblica en Dios creador y
pone de relieve una cosa importante: Dios es el Padre. En coloquio
con sus discípulos, Jesús les
invitaba a reconocer la relación paterna que Dios tiene con todas las criaturas
y recordaba, con conmovedora ternura, como cada una de ellas era importante a
los ojos de él.
Jesús vivió en armonía con la creación, con
gran asombro de los otros: "¿Quién
es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?" (Mt 8, 27). No
se presentaba como un asceta separado del mundo o enemigo de las cosas
apacibles de la vida.
El Nuevo Testamento no nos habla sólo de Jesús
terreno y de su relación tan concreta y amorosa con el mundo; lo muestra
también como resucitado y glorioso, presente en toda la creación con su dominio
universal. "Fue en lo que parecía bien que Dios habite toda la
plenitud y, por él y para él
reconciliar todas las cosas (...), tanto las que están en la tierra como en el
cielo" (Col 1: 19-20). Esto nos arroja al final de
los tiempos, cuando el
Hijo entregue al Padre todas las cosas "para que Dios sea todo en todos"
(1 Cor15, 28). Así, las criaturas de este mundo ya no nos
aparecen como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve
misteriosamente y guía hacia un destino de plenitud.
CAPÍTULO III:
RAÍZ HUMANA DE LA CRISIS ECOLÓGICA
Nos
encontramos en un nueva era en la que se refleja el poderío tecnológico, el
cual influye mucho en la sociedad. Es cierto que la tecnología da muchas soluciones al ser humano,
pues “la ciencia y la tecnología son un gran producto de la creatividad humana
donada por Dios”, pero también
le hace creer que tiene mucho poder, cierto dominio sobre la humanidad,
como por mencionar algunos ejemplos: la energía nuclear, la informática, la biotecnología,
entre otros, los cuales si no tienen una buena utilización no da buenas
garantías de su efectividad para el bien humano (como pasó con las bombas
atómicas) y así se refleja que la tecnología no debe residir sólo en una pequeña parte social
dominante, pues es riesgoso ya que no suele buscarse el bien común sino
el particular.
1.
Sobre
la tecnología y su influjo
La
raíz de estas situaciones suele ser que este progreso tecnológico no va acompañado del debido
desarrollo del ser humano en los valores y en la conciencia, ya que
también falta una ética y espiritualidad más sólida en la sociedad.
Otro
problema es el modo como el hombre asume un nuevo paradigma tecnológico que lo
lleva a estrujar los
bienes del planeta, creyéndose tener dominio sobre ellos y olvidándose
que son medios donados por Dios para nuestra existencia, al cual debemos
valorar y no derrochar.
La
técnica busca que todo esté dentro de sus límites, así el paradigma
tecnocrático quiere ejercer dominio sobre la economía y política, buscando sus propios intereses y
no los comunes a la sociedad. Asimismo, creen que ambas puedan dar
solución a los problemas actuales, olvidando que el avance tecnológico no
equivale al avance de la humanidad, aunque este último no pueda verse sin la
tecnología. Por ende es urgente avanzar en una revolución cultural donde
ciencia y tecnología se configuren de distinta manera para recuperar valores y
fines tal vez perdidos.
2.
Sobre
el antropocentrismo moderno
Por
otro lado, el
antropocentrismo moderno ha colocado la razón técnica sobre la realidad,
lo que lleva a que la naturaleza le sea indiferente al hombre, debilitando el
valor del mundo como lugar donde se da nuestra existencia, para sólo verlo como
un medio que explotar y obtener beneficios.
Del
mismo modo, es ahora importante la valoración de la persona que sufre, pues no
se puede proponer una relación con el ambiente aislada de la relación con las
demás personas y con Dios.
El
hombre al colocarse a sí mismo en el centro sólo se preocupa por sus
conveniencias y todo lo demás se vuelve relativo, eso es lo que el Papa llama
“Cultura del relativismo”, donde una persona se aprovecha de otra tratándola como un objeto solo para
satisfacer el bien propio.
Por
ello se debe fomentar una
ecología integral que no excluya al hombre, y para ello es necesario que se incorpore el valor del
trabajo, ámbito del múltiple desarrollo personal. El trabajo además es
una necesidad, parte del desarrollo humano y realización personal. Por eso el avance tecnológico no debe
reemplazar al trabajo humano, sino complementarlo.
En
otro aspecto, para mayor libertad económica y beneficio hay que poner límites a
los de mayor recurso y poder. A la vez recordar que en el campo de experimentación científica se exige
respeto de la integridad de la creación, por lo que la experimentación
con animales sólo debe realizarse para cuidar o salvar vidas humanas, asimismo no hacer una excesiva e
indiscriminada manipulación
genética. Pues la
técnica y la ética no pueden ir separadas.
CAPÍTULO IV:
UNA ECOLOGÍA INTEGRAL
1.
Sobre
la ecología ambiental, económica y social
La naturaleza no es algo separado de
nosotros, sino que somos parte de ella, y así ver
las relaciones entre sociedad y naturaleza es necesario para darle solución a
las crisis actuales, ya que los problemas ambientales van de la mano con el de
los sociales (humanos, urbanos, laborales, familiares).
Además,
hay que valorar el ecosistema, que es el conjunto de organismos que se dan en
un espacio determinado, por el que depende nuestra existencia, esto servirá
para tomar conciencia de que estamos
en una realidad regalada, donada a nosotros por Dios.
2.
Sobre
la ecología cultural
La
ecología debe tener presente también el cuidado de las riquezas culturales de
la humanidad, del patrimonio cultural e histórico de cada lugar. Pues la desaparición de una cultura
puede ser más grave o igual aún que la desaparición de una especie animal o
vegetal. Por ello debemos prestar atención a las comunidades aborígenes,
quienes cuidan su espacio como sagrado de quienes solo ven recursos que
explotar.
También,
es cierto que la carencia
extrema que se vive en algunos ambientes que no poseen armonía ni
posibilidades de integración facilita
la aparición y manipulación
de las personas por parte de organizaciones criminales. Para ello la
construcción de ciudades o su conservación tiene que ir de la mano con la buena
relación y comportamiento entre los que viven allí, para crear un ambiente
agradable a pesar de que no se tenga ninguna riqueza.
3.
Ecología
de la vida cotidiana
Es necesario cuidar de los espacios comunes, de las estructuras
urbanas que mejoran, nuestro sentimiento
de «estar en casa». La
falta de vivienda es grave en muchas partes del mundo, una gran parte de
la sociedad encuentra serias dificultades para tener una casa propia. La propiedad de la casa tiene
mucha importancia para la dignidad de las personas y el desarrollo de las
familias. "Cuán hermosos son las ciudades que superan la
desconfianza enfermiza e integran los que son diferentes.
En las ciudades, la calidad de vida está
ampliamente relacionada
con el transporte, En ellas circulan muchos coches utilizados por una o
dos personas, por lo que el
tráfico se vuelve intenso, se eleva el nivel de contaminación, muchos expertos están de acuerdo
en la necesidad de dar prioridad al transporte público.
El reconocimiento de la dignidad peculiar del ser
humano contrasta a menudo con la vida caótica, descuido que sufren también algunos habitantes,
donde no llegan los
servicios esenciales y hay trabajadores, sin derechos. La ecología
humana: la relación necesaria de la vida del ser humano con la ley moral
inscrita en su propia naturaleza. El hombre tiene una naturaleza que debe respetar y no
puede manejar como le apetece, aceptar al mundo entero como don del
Padre y casa común.
4. El principio del bien común
La ecología integral es inseparable de la noción de
bien común. El bien común presupone el respeto por la persona humana como tal,
con derechos, se destaca de forma especial a la familia como célula basilar de
la sociedad. El bien común requiere la paz social. En las condiciones
actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas desigualdades personas
descartadas.
5. La justicia intergeneracional
Cuando pensamos en la situación en que se deja el
planeta a las generaciones futuras, Si la tierra nos es dada, no solo criterio utilitarista.
¿Qué tipo de mundo
queremos dejar a quien va a suceder? Cuando nos preguntamos acerca
del mundo que queremos dejar: ¿Con qué propósito pasamos por este
mundo? ¿Para qué venimos a esta vida? ¿Para qué trabajamos y
luchamos? ¿Qué necesidad tiene de nosotros esta tierra? Se exige
tener conciencia de que es
nuestra propia dignidad que está en juego.
A las próximas generaciones, podríamos dejar demasiadas ruinas,
desiertos y basura. El
ritmo de consumo, desperdicio y alteración del medio ambiente ha superado de
tal manera las posibilidades del planeta. La dificultad en tomar en serio este
desafío tiene que ver con un deterioro ético y cultural, que acompaña el
deterioro ecológico. Muchos problemas sociales de hoy están relacionados
con la búsqueda egoísta de una satisfacción inmediata, con las crisis de los
lazos familiares y sociales.
CAPÍTULO
V
ALGUNAS LÍNEAS DE ORIENTACIÓN Y
ACCIÓN
Busquemos delinear grandes recorridos de diálogo que nos ayuden a salir de la espiral de
autodestrucción donde nos hundimos.
1.
El diálogo
sobre el medio ambiente en la política internacional
Se ha ido consolidando la tendencia de concebir el
planeta como patria y la humanidad. La interdependencia nos obliga a
pensar en un solo mundo,
en un proyecto conjunto. Es indispensable un consenso mundial,
desarrollar formas de energías renovables y poco contaminantes, garantizar a
todos, el acceso al agua potable. En las últimas décadas, las cuestiones
ambientales han dado lugar a un amplio debate público, que ha hecho crecer en
la sociedad civil espacios de notable compromiso y generosa dedicación. La política y la industria reaccionan
con lentitud, lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales.
El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un
largo camino, enriquecido por el esfuerzo de muchas organizaciones de la
sociedad civil. recordar la Cumbre de la Tierra, celebrada en 1992 en Río de Janeiro. Se
ha proclamado que «los seres humanos constituyen el centro de las
preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible». Propuso el
objetivo de estabilizar las concentraciones de gases. El Convenio de Basilea sobre los
residuos peligrosos, Gracias al Convenio de Viena para la protección de la capa de ozono
y su aplicación.
En el cuidado de la biodiversidad y en contraste
con la desertificación, los avances fueron mucho menos significativos se añade
una nueva injusticia bajo la capa del cuidado del medio ambiente. Como
siempre, la cuerda se
rompe por el punto más débil. Para los países pobres, las prioridades deben ser la
erradicación de la miseria y el desarrollo social de sus habitantes, contrastar
mejor la corrupción.
Desarrollar formas menos contaminantes de producción de energía, necesitan
contar con la ayuda de los países que crecieron mucho a costa de la actual
contaminación del planeta.
El hecho de que empresas o países poderosos
descarguen, sobre otros países, residuos e industrias altamente contaminantes.
Para gestionar la economía mundial, afectadas por la crisis, para hacer un
desarme oportuno y completo, para garantizar la protección del medio ambiente, urge la presencia de una
verdadera autoridad política mundial, como mi predecesor esbozó, Juan XXIII .
2. El diálogo para nuevas políticas
nacionales y locales
Hay vencedores y vencidos dentro de los países
pobres. Los límites que una sociedad sana, madura y soberana debe imponer
tienen que ver regulaciones adecuadas, vigilancia sobre la aplicación de las
normas, contraste de la corrupción. Los gobiernos no se aventuran fácilmente a irritar
a la población con medidas que puedan afectar al nivel de consumo o
poner en riesgo inversiones extranjeras. Pensando en el bien común a largo plazo.
Un amor apasionado por la propia tierra, tal como
se piensa en lo que se deja a los hijos y nietos. Indispensable es la
continuidad, porque no se pueden modificar las políticas relativas al cambio
climático ya la protección del medio ambiente cada vez que cambia un
gobierno.
3. Diálogo y transparencia en los
procesos de toma de decisiones
La previsión del impacto ambiental de los proyectos
y proyectos requiere procesos políticos transparentes y sujetos a diálogo,
mientras que la corrupción, que esconde el verdadero impacto medioambiental. Algunos
proyectos, no apoyados por un análisis bien cuidadoso, pueden afectar
profundamente a la calidad de vida de un lugar.
En cualquier
discusión sobre un
emprendimiento, se debería plantear una serie de preguntas, ¿Para qué fin? ¿Por cuál
motivo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿De que manera? ¿A quién
ayuda? ¿Cuáles son los riesgos? ¿A qué precio? ¿Quién paga los
gastos y cómo lo hará?
En la Declaración de Río de 1992 establece que "cuando haya peligro de
daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá
ser una razón para retrasar la adopción de medidas eficaces" Este
principio de precaución permite la protección de los más débiles, se
invierte la carga de la prueba, no va a generar daños graves al medio ambiente
oa las personas que habitan en él.
Esto no implica oponerse a toda innovación
tecnológica que permita mejorar la calidad de vida de una población. Hay
discusiones sobre problemas relativos al medio ambiente, donde es difícil
llegar a un consenso. La
Iglesia invita a un debate honesto y transparente, para que las
necesidades particulares o las ideologías no dañen el bien común.
4. Política y economía en diálogo
para la plenitud humana
La política no debe someterse a la economía,
Pensando en el bien común, hoy necesitamos imperiosamente que la política y la economía,
en diálogo, se coloquen
decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana. Siempre
debe recordarse que «la protección del medio ambiente no puede garantizarse
únicamente sobre la base del cálculo financiero de costes y beneficios.
Cuando se plantean estas cuestiones, algunos reaccionan
acusando a los demás de pretender
detener, irracionalmente, el progreso y el desarrollo humano. Esta
sería una creatividad capaz de hacer reforzar la nobleza del ser humano, porque
es más dignificante usar la inteligencia, con audacia y responsabilidad, para
encontrar formas de desarrollo sostenible y equitativo, Benedicto XVI decía que «es necesario que las sociedades tecnológicamente
avanzadas estén dispuestas a favorecer comportamientos caracterizados por la
sobriedad, disminuyendo las propias necesidades de energía y mejorando las
condiciones de su utilización».
A menudo la calidad real de vida de las personas
disminuye -por el deterioro del medio ambiente, la baja calidad de los
alimentos o el agotamiento de algunos recursos, si el derrumbe de un bosque
aumenta la producción, nadie inserta en su cálculo la pérdida que implica
desertificar un territorio, destruir la biodiversidad o aumentar la
contaminación. La mentalidad utilitaria, en función de las necesidades
actuales, está presente tanto en el mercado, un estado planificador.
¿Cuál es el lugar de la política? Exige más responsabilidad por el
bien común a quien tiene más poder. Necesitamos una política que piense
con visión amplia y lleve adelante una reformulación integral, abarcando en un
diálogo interdisciplinario los diversos aspectos de la crisis. propia
política es responsable de su descrédito, debido a la corrupción. Una
política sana debería ser capaz de asumir este desafío.
La política
y la economía tienden a culparse recíprocamente sobre la pobreza y la degradación del medio
ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y
encuentren formas de interacción orientadas hacia el bien
común. Vale también el principio de que «la unidad es superior al
conflicto».
5. Las religiones en el diálogo con
las ciencias
No se puede sostener que las ciencias empíricas
expliquen completamente la vida, el conjunto de la realidad. Es ingenuo pensar que los
principios éticos puedan ser presentados de modo puramente abstracto, desligados
de todo el contexto. Además, cualquier
solución técnica que las ciencias pretendan ofrecer será impotente para
resolver los graves problemas del mundo, si la humanidad pierde su rumbo,
se olvida las grandes motivaciones que hacen posible la convivencia social, el
sacrificio, la bondad. En todo caso, habrá que hacer un llamamiento a los creyentes para
que sean coherentes con su propia fe y no la contradigan con sus
acciones; será necesario insistir para que se abran nuevamente a la gracia
de Dios y se nutran profundamente de las propias convicciones sobre el amor, la
justicia y la paz.
Es necesario cuidar de los espacios comunes, de las estructuras
urbanas que mejoran, nuestro sentimiento
de «estar en casa». La
falta de vivienda es grave en muchas partes del mundo, una gran parte de
la sociedad encuentra serias dificultades para tener una casa propia. La propiedad de la casa tiene
mucha importancia para la dignidad de las personas y el desarrollo de las
familias. "Cuán hermosos son las ciudades que superan la
desconfianza enfermiza e integran los que son diferentes.
En las ciudades, la calidad de vida está
ampliamente relacionada
con el transporte, En ellas circulan muchos coches utilizados por una o
dos personas, por lo que el
tráfico se vuelve intenso, se eleva el nivel de contaminación, muchos expertos están de
acuerdo en la necesidad de dar prioridad al transporte público. El
reconocimiento de la dignidad peculiar del ser humano contrasta a menudo con la
vida caótica,
descuido que sufren también algunos habitantes, donde no llegan los servicios esenciales y hay
trabajadores, sin derechos.
La ecología humana: la relación necesaria de la
vida del ser humano con la ley moral inscrita en su propia naturaleza. El hombre tiene una naturaleza
que debe respetar y no puede manejar como le apetece, aceptar al mundo
entero como don del Padre y casa común.
6. El principio del bien común
La ecología integral es inseparable de la noción de
bien común. El bien común presupone el respeto por la persona humana como tal,
con derechos, se destaca de forma especial a la familia como célula basilar de
la sociedad. El bien común requiere la paz social. En las condiciones
actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas desigualdades personas
descartadas.
7. La justicia intergeneracional
Cuando pensamos en la situación en que se deja el
planeta a las generaciones futuras, Si la tierra nos es dada, no solo criterio utilitarista.
¿Qué tipo de mundo
queremos dejar a quien va a suceder? Cuando nos preguntamos acerca
del mundo que queremos dejar: ¿Con qué propósito pasamos por este
mundo? ¿Para qué venimos a esta vida? ¿Para qué trabajamos y
luchamos? ¿Qué necesidad tiene de nosotros esta tierra?; Se exige
tener conciencia de que es
nuestra propia dignidad que está en juego.
A las próximas generaciones, podríamos dejar demasiadas ruinas,
desiertos y basura. El
ritmo de consumo, desperdicio y alteración del medio ambiente ha superado de
tal manera las posibilidades del planeta. La dificultad en tomar en serio este
desafío tiene que ver con un deterioro ético y cultural, que acompaña el
deterioro ecológico. Muchos problemas sociales de hoy están relacionados
con la búsqueda egoísta de una satisfacción inmediata, con las crisis de los
lazos familiares y sociales.
CAPÍTULO
VI:
EDUCACIÓN
Y ESPIRITUALIDAD ECOLÓGICAS
La Humanidad
debe cambiar pensando en un futuro compartido por todos quienes formamos
parte de esta casa que llamamos Tierra, surgiendo un gran desafío cultural,
espiritual y educativo que implica un largo proceso de regeneración.
1. Apostar por otro estilo de vida
La sociedad de libre mercado nos ha envuelto en una
cantidad exorbitante de productos, que nos dan la falsa idea de que somos
libres para elegir aquello que mejor nos parezca para vivir cómodamente, pero en
realidad nos atrapa en un
consumismo de cosas que no necesitamos, y deja el sentido de libertad plena a aquellos
que poseen el poder
económico, dejando a los demás en una confusión respecto a su identidad
y fin, que nos desorienta y angustia: Tenemos demasiados medios para escasos y
raquíticos fines.
Esto genera un sentido de precariedad e inseguridad que favorece el egoísmo colectivo, y
al tener un corazón vacío se produce
un círculo vicioso de mayor
consumo de objetos superfluos y mayor sequedad de corazón. Por eso que
además de catástrofes ecológicas y climáticas, pensemos en la crisis social que
genera el consumismo. Pero no olvidemos que el ser humano, después de tocar fondo, es capaz de regenerarse,
porque nunca se cierran del todo la apertura a la verdad, el bien y la belleza,
y a reconocer que Dios sigue animando nuestros corazones pues somos sus hijos.
Un cambio en el estilo de vida
consumista forzaría a las empresas a reconsiderar sobre el impacto ambiental y
los modelos de producción, recordándonos además la responsabilidad moral de los consumidores
en el cuidado del medio ambiente.
Aún no desarrollamos una conciencia universal para
dejar atrás esta etapa de autodestrucción, pero siempre es posible desarrollar
la capacidad de salir de uno mismo para pensar en el otro, salir de ese
individualismo, y desarrollar un estilo de vida alternativo que nos permita un
cambio relevante en la sociedad.
2. Educación para la alianza entre la
humanidad y el medio ambiente
Actualmente muchos
saben que no basta con el progreso y la acumulación de objetos para hallar el
sentido y dar alegría al corazón, pero se sienten incapaces de renunciar a lo que el
mercado les ofrece. En los países donde se necesita un mayor cambio, los
jóvenes han crecido con un mayor sentido ecológico y espíritu generoso,
luchando por la defensa del medio ambiente, pero han crecido en un ambiente de
excesivo consumo que no permite la maduración de otros hábitos, por eso esto es un desafío educativo.
Antes centrada en el conocimiento científico y la
conciencia y prevención de los riesgos ambientales, ahora la educación
ambiental incluye una
crítica a los mitos de la modernidad e intenta recuperar los distintos
niveles de equilibrio ecológico: el interior consigo mismo, el solidario con
los demás, el natural con todos los seres vivos y el espiritual con Dios. Pero
a veces esta educación se
limita a informar y no a formar hábitos, pues para que la norma jurídica
haga efecto, es necesario que la mayoría en la sociedad la haya acogido sobre la base de motivaciones adecuadas y
reaccione con una transformación personal que descubre lo mejor del ser humano.
Estas acciones provocan un bien que tiende a difundirse, a veces
de manera invisible, restituyendo el sentimiento de nuestra dignidad. Y es de
rescatar que es en la
familia donde se cultivan los primeros hábitos de amor y cuidado de la
vida, es el lugar de
formación integral, que con pequeños gestos ayudan a construir una
cultura de la vida compartida y del respeto por lo que nos rodea. Compete a la política, las diversas
asociaciones y
también a la Iglesia
un esfuerzo en la
formación de las conciencias de la población.
Prestar
atención a la belleza y amarla nos ayuda a salir del pragmatismo utilitarista. Si se quiere
lograr cambios profundos se deben tener presentes los modelos de pensamiento
que influyen en los pensamientos. La educación será ineficaz y sus esfuerzos
estériles si no se propone
además un nuevo modelo relativo al ser humano, a la vida, a la sociedad
y a la relación con la naturaleza.
3. La conversión ecológica
La
riqueza de la espiritualidad cristiana, es una gran contribución al esfuerzo de
renovar la humanidad. No
es tanto proponer ideas como generar motivaciones que, desde su
espiritualidad, alimentan la pasión por el cuidado del mundo. Vivir la vocación de guardianes de la
obra de Dios no es una opción ni algo secundario a la experiencia
cristiana, es parte esencial de una existencia virtuosa.
Recordemos el modelo de San Francisco de Asís, para proponer una sana
relación con la creación como dimensión de la conversión integral de la
persona. Pero a los problemas sociales debemos responder, no con la mera suma
de esfuerzos individuales, sino con la creación de redes comunitarias. El
verdadero creyente contempla el mundo, no como si estuviera fuera de él, sino
dentro, reconociendo los
lazos con que el Padre nos ha unido a todos los seres. Dios creó el
mundo inscribiendo en él un orden y un dinamismo que el ser humano no tiene el
derecho de ignorar.
4. Alegría y paz
La espiritualidad
cristiana propone un crecimiento
en la sobriedad, saber alegrarse con poco, ello nos permitirá disfrutar de las cosas pequeñas,
y agradecer las posibilidades que la vida nos ofrece sin apegarnos a lo que
tenemos, ni angustiándonos
por lo que no tenemos. La sobriedad, vivida libre y conscientemente, es
liberadora.
Es posible necesitar poco y vivir mucho, dando espacio
a otros placeres como los encuentros
fraternos, el servicio, el desarrollo de los propios carismas, en la música y el arte, en el
contacto con la naturaleza, en la oración, etc. La desaparición de la humildad en
el ser humano, entusiasmado con la posibilidad de dominar todo sin límite
alguno, sólo puede acabar perjudicando a la sociedad y al medio
ambiente. No es fácil desarrollar esta humildad sana, y una sobriedad
feliz, si excluimos a Dios de nuestra vida haciendo que nuestro yo ocupar su
lugar.
La paz interior de las personas, se relaciona directamente
con el cuidado de la
ecología y el bien común, porque se refleja en un estilo de vida
equilibrado unido con la capacidad de admiración que lleva a la
profundización de la vida. Es una actitud del corazón que vive todo con serena
atención, en plenitud, sin preocuparse en lo que vendrá después. Una expresión
de esta actitud es retomar la bendición de la mesa que, brevemente antes y
después de las comidas, nos recuerdan
nuestra dependencia de Dios, agradecemos los bienes de la creación y a
aquellos que con su trabajo nos lo otorgan, y nos hacen solidarios con los más
necesitados.
5.
Amor civil
y político
El
cuidado de la naturaleza implica un estilo de vida en comunión, que nos permite
vivir un amor fraterno en gratuidad, haciendo posible amar incluso a nuestros
enemigos y hablar de una hermandad
universal. Por eso es necesario que recuperemos el sentimiento de
responsabilidad para con los demás, porque también necesitamos de ellos para el
pleno desarrollo humano y el cuidado del medio ambiente, reflexionando sobre a
donde nos ha conducido la vida superficial.
Como Santa Teresita de Lisieux, comencemos practicando
esos pequeños gestos que siembran paz y amistad, pues ellos son manifestación
de un amor civil y político que busca mejorar el mundo siguiendo, como lo
propone la Iglesia, el camino a una civilización del amor. No todos están
llamados a intervenir en la política de manera directa, pero en la sociedad
encontramos una gran variedad de asociaciones que intervienen en pro del bien común, defendiendo
el medio ambiente natural y urbano, y formando la conciencia de habitar en una
casa común que Dios nos ha confiado.
6. Los
signos sacramentales y descanso celebrativo
El universo se desarrolla en Dios que lo llena
completamente.
El ideal no es sólo descubrir la acción de Dios en el alma de los seres, sino
también encontrarse con Él en todas las cosas a través de la contemplación,
como expone San Buenaventura. San Juan de la Cruz enseñaba que todo lo que hay de
bueno en las cosas y experiencias del mundo se encuentran en Dios de manera
infinita o mejor. Los
sacramentos son un modo privilegiado en que la naturaleza es asumida por Dios
y se convierte en mediación de la vida sobrenatural.
El cristianismo no
rechaza la materia, más bien la transforma. En la eucaristía, el Señor de
forma misteriosa, quiere llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de
materia. El domingo se
ofrece entonces como día de la sanación de las relaciones del ser humano con
Dios, y descansar del trabajo ese día nos permite volver la mirada y reconocer
los derechos de los demás.
7.
La Trinidad y la relación entre
las criaturas
El mundo fue creado por las tres
personas como único principio divino, pero cada una realiza ésta obra común
según su propiedad personal. San Buenaventura llegó a decir que toda criatura
testifica, en su ser, la trinidad de Dios, y antes del pecado el hombre podía
descubrirlo. Las Personas divinas son relaciones subsistentes y
el mundo, creado según el modelo divino, es una trama de relaciones.
Todo está conectado, y esto nos invita a desarrollar una espiritualidad de la solidaridad global
que brota del misterio de la Trinidad.
8.
Reina de todo lo creado
María, madre de Jesús, es también
madre del mundo y se compadece de las criaturas arrasadas por el poder humano.
Elevada en cuerpo y alma al cielo es reina de todo lo creado, y ahora comprende
el sentido de todas las cosas, por eso podemos pedirle que nos ayude a ver este
mundo con ojos más sabios. Y, junto con ella, también San José, hombre justo y
trabajador puede ayudarnos a cuidar y proteger este mundo que Dios nos ha
confiado.
9.
Más allá del sol
Al final nos
encontraremos cara a cara con la infinita belleza de Dios y podremos comprender
el misterio del universo. Mientras tanto nos unimos para hacernos cargo de esta
casa que se nos confió. Dios que nos convoca a una entrega generosa y a darlo
todo, nos brinda la fuerza necesaria y la luz que necesitamos para salir
adelante. Alabado Sea.

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