Un hombre de carácter
VICENTE ENRIQUE FERNANDEZ
GUTIERREZ
Fue un cañetano por los cuatro
costados: moreno, vivo, cercano, piadoso. Estudió en Cañete; la secundaria en
el Seminario Menor y el Colegio Sepúlveda. En este colegio un compañero le
llamaba: “sambito”, “san matíncito”, “curita”, etc; con el permiso de su
director le dio una buena paliza a este alumno bravucón y le ayudó a
enderezarse un poco. Siempre conservó su carácter fuerte, apasionado, y
afectivo.
En el seminario mayor destacó por
su gran sentido práctico, aprendió del fundador del Seminario los detalles, el
buen gusto por decorar las casas, el talento de saber buscar recursos para hacer
arreglos materiales; tiene un montón de amigos pobres y pudientes, que ahora con
su temprana muerte, se dan a conocer.
Fue ordenado sacerdote en la
fiesta de San José de 1980, junto “al Monseñor” Fernando Samaniego Orellana,
actual vicario general de Juli, y a Raúl Medina Clavijo, que se encuentra desarrollando
su labor ministerial en Chimbote. Ese año fue destinado a mi pueblo, San
Matero; él llamaba a San Mateo “la primera novia”, como suelen llamar los
párrocos al primer pueblo que van destinados, donde ponen todas sus ilusiones y
fuerzas.
En San Mateo es muy querido por
su gente, ya que desarrolló una buena labor sacerdotal. Junto a darles el pan
de la Palabra y los Sacramentos, nos enseñó a vivir mejor. Visitaba todos los
anexos, y se hacía amigos de los pastores de llmas e ingenieros de minas. Tenía
varios clubes de madres, en diferentes distritos; en aquellos tiempos, Cáritas
tenía alimentos que ayudaban en la evangelización. El mismo preparaba la
variedad de cocteles, que enseñaba a las señoras, entre ellas a mi madre.
Estaba en medio de las fiestas tradicionales, compartiendo alegrías con la
población; con los “corcovados” que le tomaban el pelo. En una ocasión vi que
jugaba en el estadio para el equipo de fútbol “Juventud”, con uniforme color
rojo y líneas azules; cuando le llegaba la pelota, la hinchada se emocionaba,
le alentaba, casi mete un gol… casi: el estadio se levantó.
Tenía muchos amigos jóvenes;
especialmente al grupo de José Silva y compañeros, formaron un club de todo y
sobre todo del canto, que hasta ahora perdura, que en los eventos importantes –y
cada domingo- alaban al Señor; en mayo, hacen llorar a los peregrinos de las
cruces, con sus tradicionales himnos, en quechua y español.
Recuerdo el paseo a Carcata, unas
ruinas incaicas, que se parecen a Machu Picchu. Fuimos caminando, hacia
Millotingo; al llegar al lugar, fuimos ascendiendo por un caminito dificultoso,
dejando la carretera. Como era mayo, mes de las flores, todo estaba lleno de
vegetación; él no era serrano y no sabía caminar por esos lugares. Según le
gustaba contar posteriormente, siempre que me presentaba como su acólito, decía
que trepando hacia una chacra yo le dije que para que no se cayese se cogiera
de unas ramas, que resultaban siendo ortigas.
En el fenómeno del Niño de 1983, por
la quebrada superior del pueblo cayó un huayco que sepultó el pueblo de Laeso.
Cuando rugía la quebrada anunciando el alud, el P. Vicente tocaba la campana
como loco. El huayco tapó también el río, y éste se salió a la carretera. La
abundante agua que pasaba por la carretera central iba sacando a su paso, de
las casas, cocinas, pelotas, cajas, cerdos, y todo lo que encontraba. El P.
Chente, junto a su amigo Tangollo, entró al río, puso dinamitas e hicieron
explotar las enormes piedras, haciendo que el río vuelva a su cauce normal. Ya
se pueden figurar el agradecimiento de la población gracias al heroísmo de tan
gran sacerdote. Pero, estas cosas no salen en los periódicos, sólo cuando uno
falla, lo cuentan a todas luces.
El 8 de diciembre nos dio la
Primera Comunión, nos dio regalos por nuestra asistencia continua a la
catequesis y antes de acabar el mes hizo de padrino de nuestra promoción de
primaria.

Gracias a él fui a estudiar al Seminario Menor, en 1984. En el cursillo, lo pasamos fenomenal, con piscina, por primera vez. Ingresamos los 7 que postulamos. Estudiamos cinco el primer año, poco a poco se fueron yendo mis amigos y me quedé solo. El seminarista que me llevó siempre que me visitaba me decía que yo debía ser sacerdote, pero siempre le decía que no, y para que me dejé tranquilo, en una ocasión le dije que sí; pero la verdad, nunca pensé en serlo. Para mí, la cosa comenzó en tercer año.
El P. Vicente vino a vivir al Seminario Menor en 1986, cuando sufrió un problema del corazón en las alturas: tenía mucho entusiasmo, pero, como decían, “negrito no canta en puna”. Allí fomentó la disciplina, la limpieza general los sábados tarde con todos los alumnos. Cuando encontraba in fraganti a algún muchacho, le aplicaba una cachetada para enderezarlo, y ninguno ha salido traumado sino con carácter –como hace falta la disciplina en estos tiempos-. Estaba de rector, en esos tiempos, Monseñor Josemaría Ortega, y ayudaban dos seminaristas, los que iban a ser el P. Manuel Escate y Misael Torres. Hablando de Misael Torres, el popular Micha, al P. Chente le gustaba contar que cuando Misael vino por primera a vez al cursillo de verano, en el momento en que los pequeños alumnos se bañaban en la piscina, un niño se estaba ahogando, y como Misael no sabía nadar y vio al joven Vicente, le dijo: “Oye, zambo, sálvalo”. Por supuesto que lo hizo.
En 1988, vio que la promoción daba muchos frutos, de los 19 alumnos, 10 entraban al pre-seminario. De emoción gestionó para llevarnos al Cuzco; fue el inicio de los viajes de promoción. En Cuzco lo pasamos genial, estaba trabajando allí el P. Agapito Muñoz, y también el joven obispo auxiliar Juan Antonio Ugarte Pérez. Narrar todo lo que vivimos es para muchas páginas, sólo puedo contar que el día que tocaba ir a Machu Picchu, un grupo nos quedamos dormidos. Nos levantó a gritos y salimos hechos una bala, en taxi, para parar en una curva al tren que ya había salido. No se detuvo el transporte; entonces, detuvo un camión de carga, y nos dispusimos a alcanzar al tren. Para colmo, nos para la policía, él desde encima el camión le mostró la placa, quiero decir, el cleryman, el cuellito blanco que llevamos los sacerdotes en la camisa; por eso, pudimos continuar raudos el alcance de nuestro medio de transporte. Gracias a Dios, pudimos alcanzarlo a las justas, corriendo, en una estación, porque nos había amenazado con que nos iba a hacer regresar caminando. Machu Picchu, fue lo máximo. Regresamos en la noche, durmiendo en el tren. Las fotos no pueden mentir.
Formó a muchos alumnos, organizó actividades extra curriculares, promocionó al coro, cambió el uniforme, y muchas cosas más. Junto a su trabajo de formación también sacaba adelante Cáritas Prelaticia, promocionado la evangelización, enseñando a pescar y no sólo dar pescado. Tenía talento para esto. Era justo con todos, si alguien malograba algo buscaba que se haga responsable de ello, para educarle, y cuando no podía solucionarlo, le ayudaba. Muchas mamás acudían a su persona para buscar ayuda para sus hijos.
En todos los lugares donde
trabajó mejoró la infraestructura, dejó poso. Fue párroco de la catedral,
embelleció este templo. Fue director del pedagógico durante mucho tiempo. Al alumno
José Sotelo, budista en aquel tiempo, le sorprendió que cuando hacía una obra
no hacía alharacas, inauguraba la obra y empezaba a hacer otra. También fue capellán
de las madres carmelitas; tiene su hermana religiosa, Guadalupe, la Superiora
de Piura. Durante muchos años fue vicario general de religiosas.
Estos últimos años tuvo la
bendición de Dios de tener diabetes y otras cosas más, le hacían diálisis inter
diaria, le amputaron un dedo del pie, este año. El día de San Juan Bautista, el
Señor ya le vio preparado y quiso llevárselo para gozar de él
Fué un gran Sacerdote y sus fieles de cada pueblo en el que estuvo siempre lo recordaran con mucho respeto y cariño
ResponderBorrarGracias Leoncio por hacernos recodar muchos pasajes del Padre Vicente. Es un compromiso ahora mantener viva la educación recibida en el quehacer diario.
ResponderBorrarPara mí fue un gran Amigo. Gracias por todo p. Chente.
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