Un alemán especial
Le gusta el latín y otros idiomas. Siendo niño aprendió la lengua latina porque había que hacerlo. El está en Cañete desde 1983. Recibió la ordenación sacerdotal en 1985, en Alemania. Cuenta que se hizo sacerdote porque era lo mejor para él en la tierra. Quiso venir al Perú porque corría el riesgo de aburrirse allá. Antes de venir, Mons. Luis Sánchez-Moreno, le dijo que si quería tomar leche en Cañete, debía de traer su vaca. Estuvo preocupado de cómo iba a meter una vaca en el avión. No se esperaba que un obispo le hiciera esta clase de bromas.
Le conocí cuando nos celebró su primera Misa en el Seminario Menor de Cañete, nos dijo que había dejado amigos y amigas en Alemania para ser sacerdote y trabajar de misionero en Perú. Le encargaron la parroquia de San Luis y Cerro Azul; pasó los 20 años en esos lugares. El tenía la mentalidad de que todos los peruanos son católicos y viven su fe, por eso a los jóvenes que encontraba en el parque, delante de la iglesia, los llevaba al confesonario. Comenzaba la Misa en punto, aunque algunos fieles llegaban cuando el P. Thomas estaba terminando de decirla; y ellos le exigían que celebrara “su” Misa que habían encargado. Tuvo que aprender a esperar, media hora por lo menos. Poco a poco se fue “acriollando”, conociendo mejor a su gente; ahora es más latino que muchos.
Tiene la costumbre de visitar las familias, especialmente el día de sus aniversarios –aunque algunos de los interesados no se acuerden-; le invitan la torta u otro pastel; eso, muchas veces, le sirve de cena. Pudo llegar a bromear a sus queridos fieles morenos, de muchas maneras; les decía que para tomar café sólo tenían que poner el dedo en la taza de agua, y les pudo llamar “negros”, sin que se ofendan.
Cada tarde se bañaba en la playa, también en invierno. Algunos periódicos populacheros y personas veían un escándalo cuando se bañaba en el mar de Cerro Azul porque llevaba el short color de la piel. Después de saborear las aguas saladas, se colocaba el traje talar y atendía a su gente.
El piensa que los peruanos tenemos la misma inteligencia y capacidad que los alemanes y que podemos hacer las cosas materiales que ellos las hacen. Prueba de ello es que levantaron el templo de San Luis con la colaboración de los fieles nacionales y, también, en parte, con la ayuda de los fieles alemanes.
Me enseñó latín y música desde 1989, en Lunahuaná. Cada noche y cada mañana, también en invierno, se bañaba en la piscina, sin mojarse la cabeza. Es un sacerdote dinámico, trabajador, deseoso de contagiar sus ilusiones. Nos decía que era posible aprender cada día 10 palabras latinas y que al cabo del año serían muchas. No le faltaba razón. El sabe varios idiomas. Ha trabajado mucho para conseguir que los sacerdotes nativos sepan latín. Es un hombre erudito y humilde; si algo no sabe, lo dice con sencillez.
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Interesante, la descripción acerca de la vida del Padre Thomas, sin duda todo un sacerdote entregado totalmente a la Iglesia. Gracias Padre Leoncio por estas interesantes notas acerca del Padre Thomas: "Un alemán especial".
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